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Por: Gualberto ”Cacho” Milán

Me imagino que usted piensa que decir esto está demás. Por supuesto que se juega para ganar. Piensa así, lo siente así porque tiene alma de amateur o porque jugó o vio el fútbol de otra época. Hoy no es tan así – por desgracia – para los que amamos a este, el mejor deporte del mundo. El jugador de hoy, los equipos que entran al campo ahora, lo hacen para cumplir. A alguien hace ya unos cuantos años se le ocurrió decir que el fútbol era un trabajo, el jugador se lo creyó y comenzó el desastre.

Alto Peru 1964

Imagínese usted que va a trabajar todos los días, llega , marca la tarjeta y comienza a esperar la hora de salida. ¿Le interesa realmente la producción de la empresa o fábrica donde trabaja, la calidad del producto que elabora, si la compañía está perdiendo o ganando? Dentro de un rato irá al baño a fumar un cigarrillo, leer una revista o dormir una siesta. Usted está cumpliendo un horario para recibir un sueldo, cuanto menos esfuerzo haga mejor será, cuanto menos lo vean también.

¿Tomar una decisión por su cuenta?, una locura, nadie se lo exige, para que comprometerse entonces…lo mejor es pasarle la pelota a otro. Para que reventarse trabajando si su compañero de al lado gana más que usted y no hace nada. Además su capataz – la persona que lo manda – sabe menos que usted de su tarea. Es un arrogante que se cree un dios y recibe las felicitaciones del patrón como si lo hubiera hecho todo el solo. Va a comenzar el partido, el que marca la tarjeta es el árbitro – dueño absoluto del tiempo durante 90 minutos – pitó y comenzó a rodar la pelota. Un jugador de la defensa corre treinta metros con el balón para entregárselo a un compañero, como un mensajero entregando una carta…solo falta que le pida la firma constatando la entrega. La jugada está a la entrada del área, no hay nadie desmarcado, el delantero debe arriesgar un pase en profundidad, buscar una pared o jugarse en la individual. Ahí es cuando toma el periódico se lo pone bajo el brazo y se va para el baño. El jugador da la media vuelta y se la pasa a otro que está a diez metros más atrás, este recibe y hace lo mismo, la sigue pasando para atrás. Y de una jugada que estaba a poca distancia del arco contrario, en dos o tres pases termina en las manos de su propio portero. Ahora vamos a comenzar de nuevo, no se apuren muchachos, todos miran el reloj, faltan segundos, el técnico en un arranque de inspiración hace un cambio.

El hombre que entra a la cancha tendría que haber entrado jugando este partido de titular, pero lo hace faltando segundos. No importa, el corre hacia el centro del terreno como un vendaval, como a llevárselo todo por delante, si toca una pelota ya será una hazaña. Suena el pito, el juez pide de la pelota, término la jornada de trabajo y todos vuelven a casa. El técnico está haciendo cálculos con los puntos de los partidos que ya se jugaron y los que quedan por jugar porque de acuerdo a esos números podría estar muy cerca de quedarse sin trabajo.

Allá en el barrio teníamos un cuadrito, cada vez que íbamos a comenzar un campeonato, la noche antes del debut hacíamos una comida y como punto final, se levantaba nuestro capitán – el ”pardo” Juan – y con una copa de vino en alto nos arengaba…”muchachos, campeones nosotros, segundo cualquiera”!!!

Eran otros tiempos, otros hombres, cuando el fútbol solamente era un juego y todos jugábamos para ganar.

 


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