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Colombia se polariza. (Opinión)

Hace algunos años, el nombre del abogado Abelardo de la Espriella tan solo figuraba en los anecdotarios de los periódicos colombianos como protagonista de una que otra excentricidad. Como, por ejemplo, hacer explotar a los gatos de su vecindario con petardos de pólvora amarrados a sus extremidades o aparecer en programas de TV al lado de figuras musicales del vallenato ―aire musical de la costa caribe colombiana― como corista, anécdotas que recientemente ha negado o simplemente atribuido a ocurrencias en su juventud.

Más adelante, ya su nombre encabezaba las páginas sociales de los diarios capitalinos, esta vez a causa de sus costosas extravagancias, como consecuencia de un sorprendente y repentino ascenso económico. Entonces se le veía subiendo a su costoso jet privado, calzando mocasines Louis Vuitton o enumerándole a alguna reportera de provincia la marca de sus más de veinte perfumes, “uno para cada hora del día”, como suele precisar.

Pasó de estudiante de derecho que vendía ropa, whisky y esmeraldas para sostenerse en Bogotá, a ser cliente asiduo de los más exclusivos hoteles cinco estrellas del mundo entero. Su disposición para la ostentación, la provocación y la extravagancia ya es legendaria en su país. Ahora, desde la Casa de Nariño, sede presidencial, dirigirá los designios de Colombia por cuatro años. Veamos cómo fue posible este ascenso.

A primera vista, lo que define a De la Espriella es el exceso calculado. Su marca personal está construida sobre la opulencia, la sastrería a la medida y una retórica sin ambages que evoca los principios más duros de la derecha doctrinaria. Para sus detractores, este despliegue de lujo y su defensa de personajes altamente cuestionados en la historia reciente del país lo configuran como un símbolo de la arrogancia de las élites y de una justicia que parece sonreírle solo a los más poderosos. Se le acusa de encarnar un individualismo estridente, donde el empaque importa más que el contenido.

Sin embargo, reducir el fenómeno de la Espriella a una simple caricatura de vanidad es un error de lectura política. Detrás de los pañuelos de seda, los sombreros italianos y los puros habaneros, hay un estratega formidable que ha entendido mejor que muchos políticos de carrera. Se trata de las reglas de la comunicación moderna.

En una época marcada por la tibieza y la corrección política, la frontalidad de Abelardo es percibida por sus seguidores como un acto de autenticidad y valentía. Cuando él habla, no busca el consenso; busca la contundencia. Y en una Colombia polarizada, esa certeza casi

absolutista resulta sumamente atractiva para un sector que se siente huérfano de líderes con «mano firme».

El verdadero debate que nos propone su figura no radica en sus gustos personales, sino en lo que su estridencia dice de los colombianos. De la Espriella encarna el sueño recóndito de una sociedad moralmente enferma y profundamente confundida, que defiende el ascenso económico desmesurado, sin ningún tipo de límites ni condicionamientos morales. Y lo justifica porque lo ve como un sueño propio. De la Espriella es uno de los suyos, el que llegó, como podría ocurrirle a cualquiera de ellos.

En una psiquis colectiva dañada por años y años de frustraciones y desilusiones; de promesas incumplidas por gobiernos de derecha y de izquierda, la esperanza de que un gobierno de “Extrema Derecha”, ―como ya es calificado por casi toda la prensa internacional―, les depara una nueva esperanza ya que se trata de “uno de los suyos”. No importa que desconozca, casi absolutamente, cómo funciona en su interior el Estado colombiano.

Guste o no, Abelardo de la Espriella ha logrado algo que muy pocos consiguen en la arena pública: “volverse” Presidente de la República. Es el que el pueblo colombiano ha escogido y al enfermo, lo que pida…

Coletilla: Un país que presume de su incultura es como un enfermo que presume de su enfermedad.

Por: Gabriel Taborda                                                                                                                                                                                                                      Eminen51@yahoo.com