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El gran garrote (Opinión).

No es que esté en desacuerdo con la “extracción” de Maduro del gobierno de Venezuela. Pero tampoco quiere decir que me encuentre de total acuerdo; veamos.

Este ingenioso término (extracción) que se ha inventado Marcos Rubio para referirse a la caza, captura y destierro del grotesco dictador venezolano Nicolás Maduro para ser juzgado por un tribunal de los EEUU, tiene su buena carga de ironía semántica.

Porque “extraer” significa, entre otros, sacar algo de donde está ―a menudo con dificultad―, separándolo de un todo, ya sea física o figuradamente. Como extraer una muela cariada, un tumor maligno, el dato de un texto o, ― ¿por qué no?―, petróleo.

Como quiera, hoy domingo 4 de enero de 2026, después de su “extracción”, Nicolás Maduro se encuentra en una fría celda del Centro de Detención de Brooklyn, New York, esperando el momento que el Departamento de Justicia escoja para leerle oficialmente su “indictment”.

Uno de esos cargos ―el principal, diría yo―, es el de hacer parte de una supuesta organización criminal dedicada al tráfico de substancias prohibidas llamada “El Cártel de los Soles”, nombre con el que se hace alusión a sus principales miembros, todos altos mandos del ejército y generales de cuatro o cinco soles, máxima graduación militar del país y fuente del nombre de esa incierta organización. Lo que me resulta extraño es que no hayan “extraído” también a los auténticos poseedores de esos soles.

Diosdado Cabello, por ejemplo, cerebro gris y general de no se sabe cuántos soles, otrora mano derecha de Hugo Chávez. En su momento llegó a ser considerado su legítimo sucesor y se sabe que es el principal artífice de las políticas con las que se mueve el régimen y que con tanto alarde proclamaba Maduro en las plazas públicas. Es un individuo altamente siniestro, ha amasado una gran fortuna y la DEA lo ha tenido en la mira desde 2013. Por su detención y captura se han ofrecido hasta 10 millones de dólares.

O Vladimir Padrino, general de cinco soles, jefe del ejército y Ministro de Defensa sin el cual Maduro no hubiera resistido en el puesto por tantos años. Le sirvió, con lealtad canina, como muro de contención contra los ataques pérfidos de Cabello, siempre ambicioso por ocupar el lugar presidencial para el que se sentía ―y lo era―, más competente.

Sobre Padrino recaen severas sanciones de gobiernos occidentales que le han negado el acceso a sus fondos financieros y bancarios por sospechas de que provienen de la corrupción ― ¿y el narcotráfico?―. Tiene prohibido desde 2019 su ingreso a la vecina Colombia donde figura en una lista de personas sujetas a expulsión.

La llamada “extracción” de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Trump tiene ecos en la llamada Doctrina Monroe, una declaración unilateral del presidente James Monroe. Su lema “America para los Americanos”, fue tomado en 1904 por Theodore Roosevelt, ampliando esa doctrina con un corolario para justificar su intervención en asuntos internos de países latinoamericanos: “ordenar» y proteger sus intereses”, usando el «Gran Garrote».

En el caso que hoy nos ocupa, mi desacuerdo con esa llamada “extracción” radica más en las razones que en el hecho en sí.

Maduro era un dictador, de eso no nos cabe duda. Lo era porque su régimen se apropió de los órganos que dan vida a la verdadera democracia al cooptarlos ilegalmente (El Legislativo, El Electoral y el Judicial) y se arrogó el derecho de gobernar sin contrapesos. La facultad para deponer a un régimen de esa naturaleza está documentada en la historia y consagrada por doctrinas de vieja data que no vale la pena mencionar ahora.

Así las cosas, no había necesidad de recurrir a una causa tan peregrina como insuficientemente comprobada: que Maduro es el jefe del Cartel de los Soles. Eso costará mucho trabajo probarlo.

En cambio, que utilizó su poder para mal gobernar a una nación de más de treinta millones de habitantes, empujándolos a irse fuera de sus fronteras para no morir de hambre mientras su cúpula de gobierno se alimentaba con caviar, ésa sí que sería una causa fácil de probar.

Dan testimonio de ello los miles y miles de caminantes exhaustos y hambrientos, que aún recorren la geografía suramericana, desde Caracas hasta Cabo de Hornos, buscando entre la basura un mendrugo de pan con que alimentar a sus familias. Es por esto que debiera ser condenado.

Coletilla: Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.