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La «democracia» Peruana.(Opinión)

Fue Aristóteles quien nos dejó la primera y más completa descripción de las diferentes formas de gobierno adoptadas en Atenas durante el siglo VI a.C., en un libro que no debiera faltar en la biblioteca de quienes sienten interés por los asuntos históricos y políticos. Se trata de su obra La Política, escrita en una época clave de la Antigua Grecia marcada por la crisis de las póleis (ciudades-estado) y el auge de reinos rivales, especialmente el de Macedonia.

El libro es el más completo estudio de las formas de gobierno que se idearon en Atenas en aquella época y ― ¡oh sorpresa!―, se consideraba a la democracia como una forma de gobierno mala, dañina para el pueblo y carente de virtudes. Distinguía entre las formas «puras» ―que buscan el bien común― y las formas «desviadas» ―las que buscan el interés privado― y situó en estas últimas a la democracia.

Otras veces me he extendido exponiendo cuales fueron y qué representaron cada una de estas formas de gobierno, cómo y porqué se crearon y en lo que acabaron convertidas una vez cumplieron su ciclo histórico, por lo que hoy no volveré sobre el mismo tema. Nos ocuparemos, en cambio, en examinar esa extraña forma de gobierno que impera en el Perú y que deja serias dudas sobre su naturaleza democrática, entendida esta como la concepción moderna de ese tipo de gobierno.

Primero que todo habría que entender una razón que explique por qué se presentan tantos candidatos en cada elección presidencial. La carencia o laxitud de disposiciones que permiten a los ciudadanos presentar sus nombres para una elección del primer cargo de una nación debería ser asunto serio y reglado. Ver en una lista de candidatos presidenciales a personas que nadie ― o casi nadie― conoce en el ámbito político nacional o que, por el contrario, son muy conocidas pero por razones totalmente ajenas al devenir político ―ser cómicos, por ejemplo―, deja mucho que pensar sobre la seriedad del proceso.

Para esta elección presidencial se presentaron treinta y seis candidatos. Treinta y seis personas que creen tener las credenciales suficientes para gobernar a un país de treinta y cinco millones de habitantes, con un PIB de US$390 millones de dólares y con serios problemas de inflación, desempleo, tráfico de drogas y población en condiciones de pobreza del orden del 29%. ¿De verdad hay tantas personas capacitadas para gobernar con éxito a un país así?

Durante los últimos doce años Perú ha tenido ocho presidentes y un encargado del despacho presidencial ―actual―, lo que da una idea de la

magnitud de la crisis política actual. Esto ha dejado una huella indeleble en la historia del país y una cicatriz deshonrosa para su sistema democrático, marcado por vacancias, renuncias y sucesiones poco constitucionales, lo que significa un presidente cada 1.5 años, quizás el Estado con mayor inestabilidad presidencial del orbe.

En círculos académicos se suele discutir cómo está construída una “Democracia Fallida”. Se describe como un sistema político que, aunque mantiene la apariencia y las instituciones de una democracia ―como elecciones libres y un parlamento―, ha perdido su capacidad de funcionar de acuerdo a principios constitucionales.

Lo primero que caracteriza a una Democracia Fallida es lo que los académicos llaman “La Captura de sus Instituciones” ―Legislativo, Ejecutivo y Judicial― por parte de terceros que representan intereses particulares y ajenos a las necesidades del Estado y los ciudadanos. Esta práctica deteriora las libertades públicas provocando la pérdida confianza de la sociedad.

Luego sigue Pérdida de Legitimidad: La ciudadanía deja de confiar en el voto y en las autoridades, lo que suele derivar en protestas masivas, abstencionismo extremo o apatía política.

Esto trae consigo el Incumplimiento del Estado de Derecho: Las leyes se aplican de forma selectiva, existe impunidad para las élites y el Estado pierde el control territorial frente a grupos criminales o de presión.

Por último, y no menos grave, emerge la Erosión de los Derechos: Aunque existan libertades en el papel, el ejercicio real de la libertad de prensa, expresión y protesta se ven amenazados o restringidos sistemáticamente.

Esta es la radiografiá de una Democracia Fallida: lamentablemente es también la imagen del Perú actual, sumergido nuevamente en una elección presidencial sin muchas opciones respetables a la vista.

Coletilla: El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes.

Por: Gabriel Taborda                                                                                                                                                                                                                          eminen51@yahoo.com