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La estupidez (Opinión).

En el amanecer del lunes 9 de abril de 1945, pocos días antes de la finalización de la Segunda Guerra Mundial en Europa, el pastor cristiano Dietrich Bonhoeffer, teólogo alemán recluido en el campo de concentración de Sachsenhausen por sus actividades de resistencia contra el nazismo, sería conducido al cadalso y ahorcado como un traidor.

No obstante su postura crítica contra el régimen nazi que lo llevó hasta la clandestinidad y posterior encarcelamiento y juicio por sus actividades en el Plan Valquiria para asesinar a Hitler, personalmente me inclino a recordarlo más por sus cartas y papeles durante su duro cautiverio. De ellos destaco el ensayo “Después de diez años”, posteriormente conocido como la “Teoría de la Estupidez” en el que reflexiona sobre por qué el pueblo alemán —una nación de poetas y pensadores— sucumbió al nazismo, concluyendo que la estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad. Argumentaba que la estupidez no es un defecto intelectual, sino un defecto moral y sociológico, donde las personas renuncian a su propia autonomía de pensamiento y se convierten en herramientas dóciles del poder.

Su frase clave, «Contra la estupidez no tenemos defensa. La persona estúpida, a diferencia de la malvada, está completamente satisfecha de sí misma y se vuelve peligrosa al atacar», me sirve de apoyo cada vez que las circunstancias me enfrentan a individuos y temas incómodos ―por decirlo de una manera políticamente correcta―. «La estupidez no es un defecto intelectual, sino moral… Hay seres humanos que son intelectualmente ágiles pero estúpidos y otros que son intelectualmente lentos pero cualquier cosa, menos estúpidos», añade.

Según Bonhoeffer, «el poder de uno necesita la estupidez del otro». En el contexto de la sociedad actual, este axioma se manifiesta en la lealtad ciega hacia personas con algún capital narrativo o carismático, cuervos acechantes de una oportunidad para robar un pedazo de torta de una ventana abierta. No importa si sus seguidores poseen doctorados o son obreros; cuando el individuo se sumerge en la masa, su independencia interior se atrofia. En lugar de procesar hechos, el individuo «estupidizado» se convierte en un repetidor de consignas y eslóganes diseñados para activar respuestas emocionales e inmediatas, en defensa de quienes consideran su líder indiscutido.

Esta forma de estupidez es inmune a la razón. Intentar convencer a un sujeto atrapado con datos económicos o pruebas judiciales suele ser inútil. Para Bonhoeffer, el estúpido está «auto-satisfecho» y cuando se siente acorralado por los hechos, se vuelve agresivo. En la política como en la sociedad esto se traduce en una hostilidad defensiva donde

cualquier información contraria es descartada automáticamente como «noticia falsa» o propaganda del lado opuesto.

La política y sus parásitos y adláteres han perfeccionado la técnica de «estupidizar» a las masas para mantenerlos bajo su control. Estos pseudo líderes utilizan el miedo y el resentimiento para asegurar que sus seguidores no cuestionen sus propias contradicciones. Mientras que el malvado sabe que está haciendo daño y puede sentir cierta inquietud moral, el estúpido de Bonhoeffer cree sinceramente que está salvando al grupo, a la familia, a sus seguidores, lo que lo convierte en un instrumento capaz de apoyar medidas autoritarias o extremas, sin ningún remordimiento.

¿Hay Salida? La conclusión de Bonhoeffer es tan dura como necesaria: la estupidez no se cura con instrucción, sino con liberación. Esto significa que la educación tradicional no es suficiente para romper el hechizo de la “estupidización”. La superación de este estado requiere un acto de coraje personal para recuperar la responsabilidad moral y la capacidad de estar solo frente a la masa aullante.

Solo cuando el sujeto recupere su estatus como individuo, capaz de juzgar por sí mismo, independientemente de su tribu, logia o grupo, la estupidez cede ante la inteligencia ética. Como advirtió Bonhoeffer, el mundo que dejaremos a las próximas generaciones dependerá de nuestra capacidad para resistir el confort de la estupidez y asumir, una vez más, la carga de pensar por nuestra propia cuenta.

Coletilla: Bonhoeffer es considerado mártir por su fe. Fue absuelto de cualquier crimen por el gobierno alemán a mediados de los 90. El calendario de la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América lo recuerda el 9 de abril, fecha de su martirio

Por: Gabriel Taborda                                                                                                                                                                                                                          eminen51@yahoo.com