Este próximo sábado (28/03/26), cientos de ciudades y pueblos a lo largo y ancho de los Estados Unidos celebrarán marchas bajo el lema «No Kings» (Sin Reyes), protestando —entre muchas otras cosas— contra la marcha hacia el fascismo que está siendo liderada por el presidente de los EE. UU., Donald Trump.
El presidente Trump es la encarnación de la codicia desenfrenada y la supremacía racial; una combinación letal que conduce inexorablemente al fascismo. Millones de estadounidenses ya están sufriendo los efectos de este fascismo invasivo a través de la pérdida de atención médica, vivienda y movilidad social ascendente. Este fascismo invasivo también pone de relieve el espectro de la guerra.
Para vencer al fascismo —y cualquier descripción que yo pueda ofrecer aquí no hará justicia al daño que este causará a las fibras de nuestra nación si logra imponerse—, debemos actuar. Especialmente por aquellas personas señaladas como objetivo de la persecución necesaria para que los fascistas puedan tener un chivo expiatorio con el cual implementar sus políticas represivas.
El fascismo, tal como lo estamos presenciando en los EE. UU., es la confluencia de los elementos más corruptos de la élite de poder, unidos en su búsqueda de una riqueza extrema y de placeres ilícitos.
Para derrotar al fascismo, necesitaremos construir un Frente Unido amplio que movilice al pueblo para luchar no solo por su supervivencia, sino también por un futuro mejor. Como señaló recientemente Laurie Woodward Garcia en su boletín *People Power United*: «Si realmente nos tomamos en serio la derrota del fascismo, entonces debemos tomarnos en serio la justicia económica para todos. Una economía que deja a las personas trabajando a tiempo completo y, aun así, incapaces de costearse vivienda, alimentación, atención médica y cuidado infantil, no es un signo de progreso. Es la prueba de que las reglas han sido distorsionadas para favorecer la concentración de la riqueza». Y los fascistas no solo desean mantener las cosas de este modo, sino también ampliar el alcance de dicha situación.
Lo que observamos en la América actual es que las leyes y las normas están siendo tergiversadas y deformadas para beneficiar a unos pocos multimillonarios. Y esto ya está teniendo un efecto sumamente negativo en nuestra sociedad; tomemos, por ejemplo, la libertad de prensa.
Para que una sociedad democrática funcione adecuadamente, resulta indispensable contar con fuentes de información fidedignas que proporcionen a la ciudadanía los diversos datos y perspectivas necesarios para poder realizar una evaluación fundamentada de la situación actual. Sin embargo, nuestra prensa convencional —así como una gran parte de los medios alternativos (tales como TikTok, X y Facebook)— se encuentra ahora bajo el control de multimillonarios cuya principal preocupación, comprensiblemente, es mantener sus privilegios.
La construcción de un Frente Unido contra el fascismo no solo exige tener en cuenta los factores económicos y sociales inherentes a nuestra situación actual, sino también reconocer las implicaciones de formar parte de una nación cuyos líderes se creen con el derecho de bombardear, asesinar y mutilar a personas de otros países a su antojo.
La maquinaria militar de los Estados Unidos no es únicamente enemiga de los pueblos que luchan por su liberación en todo el mundo, sino que es también enemiga del propio pueblo estadounidense.
Alimentar esa maquinaria bélica le está saliendo muy caro al pueblo de los Estados Unidos, a medida que vemos cómo nuestra sociedad —antaño grandiosa— se desmorona ante nuestros propios ojos.
Para triunfar en la lucha contra el fascismo, será necesario elevar la unidad de nuestro pueblo a un nivel superior; y esto es algo factible, tal como ha demostrado la ciudadanía de Minneapolis.
No obstante —y también como hemos podido constatar en Minneapolis—, combatir el fascismo no es, ni mucho menos, un paseo por el parque. Aun así, la recompensa bien merece el esfuerzo.
¡La manifestación del «No Kings Day» es un ejercicio de unidad!