La lucha política en la América Latina determinará cuánto más daño hará el imperio yanqui a la humanidad.Los mismos guardianes del imperio reconocen su pérdida de control. El recientemente publicado plan Nacional de Seguridad Estratégica establece que el ámbito de control del imperio Yanqui se ha reducido de una aspiración global a una regional.
Como ya se ha estado mencionando en diversos círculos, el Presidente Donald Trump ha propuesto revivir la Doctrina Monroe adaptando su nombre a Donroe. Es decir, su gran ego personal estará involucrado en la aplicación de esta nueva doctrina. Trump representa la derecha más extrema de la visión política estadounidense.
No creo que sea una exageración decir que ya la gran mayoría del mundo entiende que Trump preside una nación donde su democracia, no importa lo imperfecta que sea, está en proceso de extinción.
Uno puede decir con certeza que la bravuconería que el imperio está desplegando en Latinoamérica se debe más que nada a la inseguridad que siente el imperio en hacer que su reducida área de influencia se mantenga firme bajo su control. Algunos analistas pueden comentar con cierta razón que el imperio está teniendo éxito en sus esfuerzos. Elecciones en Argentina, Bolivia, Chile y ahora también en la disputada Honduras muestran que la oposición dirigida por las clases pudientes todavía tienen la fuerza política necesaria para imponer una visión reaccionaria en contra de los intereses de la gran mayoría de los ciudadanos de sus respectivos países.
Pero también estas fuerzas reaccionarias tienen que acudir a ardides extrajudiciales para poder mantener su poder como lo hicieron en Peru y Brasil. Pero la situación para la aplicación de la Doctrina “Donroe” es muy diferente a la que hubiera sido unas cuantas décadas atrás. Los Estados Unidos todavía representan el control político de una clase social (la burguesía) con limitaciones económicas derivadas de su incapacidad de crear una economía soberana. El éxito de un sistema social se palpa a través de lo que es asequible a su pueblo y la extensión de una clase media que maximiza el disfrute del bienestar popular.
El imperio no puede permitir ese éxito entre los pueblos subyugados. Las enormes cantidades de sanciones dirigidas a naciones como Cuba y Venezuela tienen el propósito de impedir el éxito económico y social de naciones de que no aceptan su papel de naciones subyugadas. Sin embargo, yo presiento un futuro brillante para la America Latina.
El movimiento progresista/socialista ha producido liderazgo político de primera línea que está manejando las dificultades políticas y económicas con gran astucia.
El momento llama a la mayor unidad posible, y junto con otras naciones previamente oprimidas a través de los BRICS, poder asegurar que la subyugación de los pueblos latinoamericanos se quede solo como una pesadilla que nunca se hará realidad.