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Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente cubano Raúl Castro, ha comenzado a ocupar un papel inesperado en la compleja relación entre La Habana y Washington. Conocido como “El Cangrejo”, Rodríguez Castro es coronel del Ministerio del Interior y jefe de la seguridad personal de su abuelo, pero en los últimos meses ha sido señalado como interlocutor informal en conversaciones exploratorias con funcionarios estadounidenses.
Fuentes diplomáticas en Washington y La Habana coinciden en que la profunda crisis económica y energética que atraviesa Cuba ha obligado al gobierno a abrir canales alternativos de comunicación. En ese contexto, Rodríguez Castro —de 41 años— ha sido visto como un puente entre la vieja guardia revolucionaria y una generación más pragmática dentro del poder cubano.
En una entrevista reciente concedida a medios estadounidenses, el nieto de Raúl Castro afirmó que estaría dispuesto a participar en negociaciones formales si el gobierno cubano se lo solicita. “Si me designan, puedo negociar con cualquiera seleccionado por Estados Unidos. Dada la oportunidad, claro que con Trump”, declaró, subrayando que no se considera político, pero que respondería a las necesidades de la Revolución.
Aunque no existe un nombramiento oficial, su presencia en conversaciones discretas refleja la percepción de Washington de que Raúl Castro sigue influyendo en las decisiones estratégicas del país. Para Estados Unidos, Rodríguez Castro representa una figura con acceso directo al núcleo del poder y con capacidad de moverse fuera de los canales diplomáticos tradicionales.
El ascenso del “Cangrejo” ocurre en medio de… Sigue leyendo

Caracas — El silencio que siguió al terremoto fue tan profundo que muchos pensaron que el país había quedado inmóvil. Pero entre los escombros, algo empezó a moverse: manos, voces, miradas. En los barrios más golpeados, la reconstrucción comenzó sin maquinaria ni órdenes oficiales, impulsada por vecinos que decidieron no esperar. En La Vega, Carmen Morales pasa bloques de cemento a otros voluntarios. “Perdimos la casa, pero no la fuerza”, dice mientras el polvo cubre su rostro. Su historia se repite en cada esquina: familias que lo perdieron todo, pero que se niegan a quedarse quietas. En Cumaná, jóvenes organizan cuadrillas para limpiar calles; en Mérida, maestros transforman escuelas dañadas en refugios; en Maracay, comerciantes donan alimentos y agua. La solidaridad como cimiento … Sigue leyendo















