Politica

Como afirmó Alex Seitz-Wald, subdirector del periódico Midcoast Villager de Maine, en un debate que el New York Times publicó en su sección de opinión el 12/07/26: «No existe Graham Platner sin Donald Trump». Esta simple afirmación es tan profunda que el New York Times la utilizó como título de su artículo. Es profunda porque nadie puede negar que, gracias a Donald Trump, los estándares de participación en el liderazgo político del país se han deteriorado considerablemente. ¿Acaso hubiéramos imaginado hace 60 años que Estados Unidos elegiría a un presidente declarado culpable de abuso sexual, quien, junto con otros 34 cargos, lo ha convertido en un delincuente convicto?

En mi humilde opinión, Graham Platner es una persona mucho mejor que el presidente Trump. Ha reconocido públicamente sus errores. Trump jamás ha hecho algo así; en cambio, ha insultado a las víctimas. Y mucha gente ha optado por olvidar sus crímenes pasados. Es un comportamiento aceptado. Por supuesto, Trump cuenta con la ventaja inherente de formar parte de las fuerzas políticas en el poder que justifican este tipo de comportamiento, ya que proviene de alguien que goza de impunidad gracias a su riqueza. Platner, por otro lado, representaba a la clase trabajadora, respaldada por grupos como los Socialistas Democráticos de América (DSA). El pensamiento de Platner es totalmente opuesto al del presidente Trump. El ataque contra Platner generó unidad entre los republicanos defensores de la riqueza y la supremacía blanca, junto con los demócratas corporativos, conocidos por su indulgencia con los… Sigue leyendo

Hace algunos años, el nombre del abogado Abelardo de la Espriella tan solo figuraba en los anecdotarios de los periódicos colombianos como protagonista de una que otra excentricidad. Como, por ejemplo, hacer explotar a los gatos de su vecindario con petardos de pólvora amarrados a sus extremidades o aparecer en programas de TV al lado de figuras musicales del vallenato ―aire musical de la costa caribe colombiana― como corista, anécdotas que recientemente ha negado o simplemente atribuido a ocurrencias en su juventud.

Más adelante, ya su nombre encabezaba las páginas sociales de los diarios capitalinos, esta vez a causa de sus costosas extravagancias, como consecuencia de un sorprendente y repentino ascenso económico. Entonces se le veía subiendo a su costoso jet privado, calzando mocasines Louis Vuitton o enumerándole a alguna reportera de provincia la marca de sus más de veinte perfumes, “uno para cada hora del día”, como suele precisar.

Pasó de estudiante de derecho que vendía ropa, whisky y esmeraldas para sostenerse en Bogotá, a ser cliente asiduo de los más exclusivos hoteles cinco estrellas del mundo entero. Su disposición para la ostentación, la provocación y la extravagancia ya es legendaria en su país. Ahora, desde la Casa de Nariño, sede presidencial, dirigirá los designios de Colombia por cuatro años. Veamos cómo fue posible este ascenso.

A primera vista, lo que define a De la Espriella es el exceso calculado. Su marca personal está construida sobre la opulencia, la sastrería a la medida y una retórica sin ambages que… Sigue leyendo

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