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Cuba atraviesa hoy una de las crisis más profundas de su historia reciente. La escasez de alimentos, los apagones prolongados y la erosión de los servicios básicos han transformado la vida cotidiana en una prueba de resistencia para millones de cubanos. En este contexto, el liderazgo político de la isla enfrenta un doble desafío: sostener la legitimidad de un sistema de partido único mientras negocia reformas que, hasta hace poco, eran impensables.

Un poder construido sobre la continuidad

Desde el triunfo de la Revolución en 1959, Cuba organizó su estructura de poder en torno a una figura carismática y a un partido único: el Partido Comunista de Cuba (PCC). Fidel Castro gobernó durante casi cinco décadas; su hermano Raúl lo sucedió entre 2008 y 2021. La transferencia del mando a Miguel Díaz-Canel —ingeniero eléctrico, tecnócrata de carrera interna— marcó un cambio generacional sin precedentes: por primera vez en más de seis décadas, Cuba no era gobernada por un Castro. Sin embargo, Raúl, hoy con 95 años, continúa ejerciendo una influencia simbólica y política como líder histórico de la Revolución.

La presión desde abajo

El 11 de julio de 2021 quedó grabado en la memoria colectiva cubana como el mayor estallido social desde los años noventa. Decenas de miles de personas salieron a las calles en todo el país para protestar por la falta de luz, comida y libertades. Cinco años después, la protesta no ha desaparecido; se ha multiplicado. Según la socióloga Cecilia Bobes, investigadora de FLACSO México, solo en los primeros meses de 2026 se registraron al menos 342 manifestaciones en Cuba, más que en los tres años anteriores combinados. Las consignas, antes centradas en servicios básicos, incorporan cada vez con mayor frecuencia demandas políticas directas. A cinco años del estallido social en Cuba: Una isla en crisis y con más protestas

Reformas a regañadientes

En junio de 2026, la Asamblea Nacional del Poder Popular ratificó el mayor paquete de reformas económicas en décadas. El presidente Díaz-Canel reconoció públicamente, en el discurso más autocrítico de su mandato, que parte de los problemas de Cuba no provienen del embargo estadounidense sino de la «lentitud, la burocracia y las normas que impiden producir.» El paquete contempla mayor autonomía municipal, apertura parcial a la inversión de cubanos en el exterior, reducción de ministerios y sustitución de subsidios generales por ayudas focalizadas. Los analistas citan a China y Vietnam como los modelos implícitos: economía de mercado bajo control político del partido único.. Crisis en Cuba: la dictadura aprobó su mayor paquete de reformas económicas en décadas bajo presión de Washington .

No obstante, el escepticismo ciudadano es generalizado. Según datos del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 92% de los cubanos desaprueba al Gobierno, y el 72% identifica los apagones como su mayor problema, seguido de la escasez de alimentos. Apagones, hambre y detenciones arbitrarias: Amnistía Internacional publica un duro diagnóstico sobre Cuba | el TOQUE El informe anual 2026 de Amnistía Internacional documentó 3.179 acciones represivas en 2025, además de 529 detenciones arbitrarias, muchas acompañadas de desapariciones forzadas de corta duración.

¿Qué escenarios se abren?

Los analistas coinciden en que un cambio de régimen abrupto es poco probable en el corto plazo. El control de las fuerzas de seguridad, la fragmentación de la oposición interna y la emigración constante de los sectores más descontentos actúan como válvulas de descompresión. Sin embargo, el Robert Lansing Institute advierte que «si las divisiones de élite emergen dentro del sistema gobernante, la probabilidad de transformación política puede aumentar significativamente» en el mediano plazo, Robert Lansing Institute. Political Stability in Cuba: Risks of Power Change and Potential Consequences – Robert Lansing Institute

Lo que sí es claro es que Cuba ha cruzado un umbral. La protesta dejó de ser excepcional para convertirse en un repertorio habitual de acción colectiva. El liderazgo político, por su parte, ha admitido por primera vez que los problemas son también internos. Si esa autocrítica se convierte en reforma real o queda como retórica de ajuste fino, es la pregunta que definirá la próxima etapa de la historia cubana.

Euente: El Latino Semanal Inc.

 
 
 
 
 
 
 

 

 

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