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En apariencia podría significar un contrasentido escribir una “historia” de algo que aún no ocurre, que apenas va a ocurrir o que está ocurriendo en estos momentos. Lógicamente o no hay un rastro, una huella, una “historia”.
Le dejaré esa reflexión a los filósofos ―si es que acaso hay alguno que lea este artículo― y me ocuparé del tema que recoge el título de la presente columna, que no es otro que el de una documentada obra escrita por el periodista e historiador Timothy Garton Ash, (Londres, Reino Unido, 12 de julio de 1955) y publicada en mayo de 1999, luego de la caída del Muro de Berlín.
Revolviendo papeles y reorganizando libros por enésima vez en mi pequeña biblioteca, el libro cayó fortuitamente en mis manos y revisé su índice, lleno de temas que si no fuera porque ocurrieron ya hace más de 25 años, se pensaría que es una recopilación de titulares de los principales medios mundiales, comentando los hechos de hoy.
En él van desfilando Alemania, Rusa, Ucrania, EEUU, Inglaterra, Francia y la inefable Bélgica, como siempre de actriz de segunda en la decadente mascarada europea. No resistí la tentación de reflexionar sobre lo que puede significar escribir una “historia del presente”, más allá de la posible contradicción con los límites cronológicos.
Cada profesión tiene su defecto característico. Si tuviera que resumirlo brevemente diría que el defecto de la profesión periodística es la superficialidad, así como la del trabajo académico es la irrealidad. El periodista tiene que escribir mucho y está sometido a muchas presiones para cumplir plazos.
A veces los temás caen en paracaídas ―como el contenido que hoy les estoy disparando― y sin espacio ni tiempo para redondear totalmente la historia, nos limitamos a dejar pequeños retazos confiando en que el lector termine totalmente la figura.
Los académicos, por el contrario, pueden tardar años en terminar un solo ensayo; comprueban nombres y fechas y examinan pacientemente la validez de cada interpretación. Pueden dedicar la mitad de su vida a describir una guerra, sin haber visto jamás disparar un solo tiro. En ocasiones, las personas que forman parte de los mundos que ellos describen se ríen, con ironía, por lo irreal de sus resultados.
En el cada vez más estrecho mundo de quienes consumen contenido noticioso, la esperanza recae en la cantidad y calidad de información que el cronista les deje cada mañana; secretos recién revelados,
chismes frescos para compartir con sus contactos el resto del día, pronósticos de lo que pueda ocurrir en la tarde o en la noche, en fin, cualquier información, por banal que esta sea, pero que mantenga a sus neuronas activas y produciendo señales químicas. Cada vez se dedica más espacio a especular lo que puede ocurrir mañana, en vez de descubrir lo que ocurrió ayer.
Si alguna vez esto llegare a ocurrir ―ocuparnos de lo que ocurrió ayer para deducir lo que puede ocurrir mañana―, podríamos ver con más claridad lo que acontece en Europa en estos momentos, que es nada menos que la desintegración de su unidad política, llevada fijamente de la mano por la misma dirigencia incapaz y corrupta que la lidera desde finales del siglo pasado.
No resulta fácil recomendarles a nuestros lectores la lectura de un libro escrito hace más de un cuarto de siglo que además contiene aspectos puramente políticos e históricos. Tampoco resulta ameno comentar las incidencias de un mundo que permanece en el umbral del cataclismo mundial, con las potencias nucleares enfrentadas por el predominio global y con una guerra en Europa Central que, para cuando lean el presente artículo, estará cumpliendo cuatro largos años de duración.
Desde luego, podría comentar la situación en ese frente de guerra, el número de jóvenes muertos en ambos lados ―decenas de miles, tan solo en el último mes― o los preparativos para la inminente guerra con Irán. No hay nada de ese futuro que no se sepa, que no haya sido “registrado oportunamente” por los grandes titulares mundiales. Tan solo se desconoce la historia de ayer, la que nunca se publicó, la causante del caos actual.
Si alguno leyera el magnífico trabajo de Garton Ash “Historia del Presente”, vería con claridad la sucesión de errores políticos y geoestratégicos que nos han traído hasta la incertidumbre actual y que podrían conducirnos al fin de la humanidad, tal como la conocemos.
Coletilla: ¿Hay alguien aquí a quien hayan violado y que hable inglés?












