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En el siglo II d. C., el poeta satírico romano Décimo Junio Juvenal acuñó la frase que encabeza esta columna y que tanto se ha utilizado en la era moderna. Con la expresión buscaba criticar la decadencia de la identidad romana en la época en que reinaron sus más atroces emperadores, como Tiberio, Nerón y Calígula. Con ella, Juvenal resaltaba cómo la clase política romana utilizaba el alimento básico y el entretenimiento masivo como estrategia para pacificar a la población, distrayéndola de los problemas sociales, la corrupción y la pérdida de sus libertades y derechos políticos.
En tiempos modernos, la doctrina de Pan y Circo se practica en forma descarada y su generalización alcanza niveles francamente reprochables. Quien piense que exagero, solo tiene que sentarse frente al televisor y dar un repaso a los canales para comprobar el grado de frivolidad y estupidez que nos venden en todo momento.
Desde sórdidas disputas familiares, con golpizas y peleas en vivo, hasta torneos deportivos tan exóticos y ridículos, como el Campeonato Mundial de Cargar a la Esposa en Finlandia (Eukonkanto), donde los hombres deben correr una carrera de obstáculos cargando a sus parejas, o la Carrera del Queso Rodante en Inglaterra, donde decenas de personas se lanzan colina abajo persiguiendo un queso de 4 kilos.
Con el mundial de futbol recientemente celebrado, esta doctrina ha alcanzado sus niveles más elevados. El circo romano, cuyos juegos dieron origen de la famosa frase de Juvenal, no es más que un pálido reflejo de lo que hoy día se considera el espectáculo más popular del mundo. La carpa bajo la que se representa este espectáculo ya cubre el mundo entero.
Como toda empresa circense, la actual tiene su dueño, el equivalente al presentador de los circos de pueblo, con su característica chaqueta roja y micrófono en mano que anuncia ampulosamente los números del espectáculo: los enanos, los trapecistas, los domadores y los payasos, toda la troupe presentada con rimbombante exageración para darle más brillo al espectáculo y cobrar más alto por las entradas. Todo meticulosamente calculado.
Y así, cada cierto tiempo, moviendo la carpa con todos sus fenómenos adentro, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, el circo va recorriendo todos los lugares del mundo, recogiendo ventajas y quitándole el pan a los incautos.
Ese gigantesco circo, con la carpa más descomunal jamás imaginada y sus más grandes fenómenos dentro, es la FIFA y su maestro de ceremonias ―o presentador, para no salirnos del lenguaje circense―, se llama Gianni Infantino, hábil prestidigitador suizo―italiano, quien la viene dirigiendo desde hace más de diez años.
La FIFA fue creada, bajo la más noble intención, por el periodista francés Robert Guérin en 1904. Su intención fue la de unificar las reglas del fútbol a nivel global, organizar el deporte internacionalmente y fomentar las relaciones amistosas entre las distintas asociaciones nacionales. Sin embargo, como casi todas las ideas nobles, apartadas del lucro, desde la sombra son observadas por los finos ojos de la codicia. La FIFA no fue la excepción y cayó en manos de inescrupulosos políticos que la convirtieron en la empresa financiera global que es hoy.
Como toda organización conformada por mañosos y taimados, la FIFA ha ido dejando su propia huella de escándalos. El anterior presidente, Joseph Blatter, permaneció allí durante casi dos décadas y terminó su mandato abruptamente al verse envuelto en el caso de corrupción global llamado FIFA―Gate. Solo le valió una suspensión de por vida de toda actividad relacionada con el fútbol. Su sucesor, João Havelange, tampoco estuvo exento de dudas y tuvo que cederle la presidencia al que hoy conocemos y que la “arbitra” con tanto éxito, el inefable señor Infantino.
Es probable que pronto comencemos a leer titulares de prensa citando su nombre. El año pasado, la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol, por sus siglas en inglés), protagonizó su salida en masa durante el Congreso de la FIFA en Medio Oriente. Sus dirigentes acusaron a Infantino de descuidar el fútbol para priorizar sus intereses privados.
Durante el torneo que finalizó el pasado domingo en New Jersey, Infantino se vio involucrado en un sospechoso manejo ilegal para levantar una tarjeta roja al jugador estadounidense Folarin Balogun. Las acusaciones sugieren trato preferencial que compromete el reglamento disciplinario del torneo. Esto ha provocado la petición de renuncia por parte de otros miembros del Consejo de la FIFA. Sin duda el circo continuará, aunque el pan sea cada día más escaso.
Coletilla: La vida es dura pero lo es más si eres estúpido.














