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A primera vista, parecería un error escribir pax con X. Pero no, no lo es. Es un término bastante común, basado en la historia y usado en el lenguaje de las relaciones internacionales. Tiene su origen en la expresión Pax Romana que, durante la época imperial, señalaba el mantenimiento del orden por la fuerza de las armas al interior de sus fronteras. De cualquier manera, expresaba más Control y menos Paz.

En EEUU desarrollamos un modelo de paz basado en la supremacía militar y económica obtenida tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Dio como resultado un largo período de Pax entre las dos potencias vencedoras (USA y URSS) que, aunque enfrentadas política e ideológicamente, jamás ―para fortuna de la humanidad―, llegó hasta la confrontación armada. El periodo puede resultarles familiar ya que se conoce como la Guerra Fría.

Una vez terminada la Guerra Fría con la desaparición de su principal contendor estratégico, la Unión Soviética, la Pax Americana se consolida, dejando a USA como la única superpotencia global, desde la década de 1990.

No exageramos al afirmar que toda la generación de este convulsionado siglo veintiuno, independientemente de donde haya nacido, ha tenido, alguna relación con la guerra, sea de oídas o de primera mano, directa o indirectamente. Recordemos que comenzó, no solamente con el descenso del globo luminoso desde Times Square en New York el 31 de diciembre de 2000, sino también con el derribo de las Torres Gemelas, un año después, lo que dio inicio a los 20 años de guerra (2001-2021) en Afganistán, así como también a la intervención en Irak, Siria, Pakistán, Somalia, Yemen, Libia y Níger.

En paralelo, durante los 26 años del presente siglo hemos estado envueltos en operaciones antiterroristas en diferentes partes del planeta, sobre todo en el Cercano Oriente, Sur America y Asia Central y aunque aparentemente, sin derramamiento de sangre, las guerras económicas en las que continuamos inmersos llevan zozobra y angustia, tanto a quienes las causamos como a quienes las padecen.

¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué la PAZ ―así sencillamente, sin la odiosa X―, no puede significar la completa ausencia de guerras y a cambio una vida sin muerte y sufrimiento?

Para sus defensores, la Pax Americana se encuadra en el campo de lo positivo: sin el poder americano, dicen, habrían más guerras y conflictos entre potencias, como las que ocurrieron entre 1914-1919 y 1939-1945. Y, todo hay que decirlo, no carece de lógica. El poder de

una potencia que dicta las normas evita la confrontación directa entre dos enemigos de la misma talla.

Pero para los críticos, es un término irónico: la Pax ―con la odiosa X―, no es paz verdadera sino imperialismo hegemónico. A diferencia de una paz genuina basada en la armonía, este concepto describe una estabilidad geopolítica global impuesta por el dominio militar y económico de una sola superpotencia. En otras palabras, no es Paz, es dominación y no se conoce ni una sola forma de dominación en la que no se encuentre presente la violencia.

Más allá del término, existen indicios claros de que el mundo transita hacia una era multipolar. Tras décadas de hegemonía unipolar estadounidense, las relaciones internacionales actuales muestran que el poder global se ha fragmentado entre múltiples centros de influencia que compiten, cooperan y desafían las reglas unipolares tradicionales.

De hecho, analistas y líderes mundiales describen el escenario actual como una «multipolaridad sin multilateralismo», donde las instituciones internacionales tradicionales se debilitan frente al pragmatismo de las grandes y medianas potencias. Tal el caso de las llamadas potencias emergentes, Brasil, India y Turquía.

Podría este nuevo escenario multipolar llevarnos a la verdadera Paz, sin esa odiosa X, es cosa en la que todos debiéramos confiar. Los signos son claros: EEUU busca salir de su protagonismo hegemónico mundial para centrar sus esfuerzos en el hemisferio occidental y otros actores van buscando copar su lugar en Europa y Asia Central, lo que los expertos comienzan a llamar La Nueva Multipolaridad.

Paralelamente, la expansión de los BRICS que pasó de cinco a once países miembros y que ahora representa el 56% de la población global, da un nuevo impulso a la idea de ese nuevo mundo que tanto deseamos. Un mundo donde impere la Paz…, sin la odiosa X

Coletilla: Si uno acerca el oído a un país y no oye nada, puede estar seguro de que es una dictadura. Si uno se acerca y escucha gritos, insultos y polémicas, es una democracia.

Por: Gabriel Taborda                                                                                                                                                                                                                                                                eminen51@yahoo.com

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