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La Asamblea General de la ONU dejó claro que el conflicto entre Estados Unidos e Irán entra en una fase decisiva. No por lo que se dijo en los discursos, sino por lo que se negocia fuera de cámaras. Trump endureció su postura, advirtiendo que Irán no tendrá armas nucleares y que, si no hay acuerdo, la guerra podría escalar a niveles que él mismo describió como “aniquilación”. Irán respondió acusando a Washington de terrorismo y mostrando imágenes de civiles muertos. La retórica subió, pero la diplomacia también.
En los pasillos de la ONU hubo conversaciones indirectas entre enviados de ambos países. No son diálogos formales, pero sí suficientes para indicar que las dos partes buscan una salida que no implique un colapso regional. Irán exige levantar el bloqueo en el Estrecho de Hormuz, liberar activos congelados y detener los ataques contra sus aliados. Estados Unidos quiere garantías verificables sobre el programa nuclear y un cese real de las agresiones en el Golfo.
El punto crítico sigue siendo Hormuz. Mientras continúen los ataques a barcos, la presión internacional aumentará. Los países del Golfo necesitan que el flujo de petróleo se normalice y están presionando a Washington para que abra el paso. Si Hormuz se estabiliza, habrá acuerdo. Si se cierra más, la escalada será inevitable.
Trump dejó entrever que cualquier avance real podría llegar después de las elecciones de noviembre. Irán también espera ese momento. Ambos están midiendo tiempos políticos, no solo militares. Lo que viene dependerá de si las negociaciones discretas logran superar la retórica pública. La ONU será escenario, pero las decisiones se tomarán lejos del podio.
Fuente: El Latino Semanal Inc











