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Tegucigalpa, 4 mar (Prensa Latina) El presidente de Honduras, Nasry Asfura, viajó hoy a Estados Unidos para participar el próximo fin de semana en una cumbre de líderes latinoamericanos de derecha convocada por el gobernante anfitrión, Donald Trump.
Previo a ese encuentro, programado para el sábado en Miami, Asfura oficializará el viernes en Washington el regreso de este país centroamericano al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas e Inversiones (Ciadi), organismo de arbitraje del Banco Mundial.
En declaraciones a periodistas en el aeropuerto de Palmerola, el mandatario, del derechista Partido Nacional, señaló que el retorno al Ciadi busca fortalecer la imagen internacional de Honduras, atraer inversión extranjera y abrir nuevas oportunidades económicas.
El jefe de Estado, quien asumió el poder el pasado 27 de enero en sustitución de la presidenta de izquierda Xiomara Castro (2022-2026), viajó en compañía de sus ministros de Exteriores, Mireya Agüero, y de Finanzas, Emilio Hernández.
Abordada por la prensa sobre el giro en política exterior respecto a la anterior administración de Castro, la canciller manifestó este miércoles que su misión es realinear estratégicamente a Honduras y reorganizar sus recursos.
“Estamos tratando de proponer una agenda de política exterior en todas las relaciones bilaterales para tener resultados medibles y que la población pueda sentir que hay una diferencia en donde ponemos nuestros recursos diplomáticos y qué beneficios pueden llevar”, dijo Agüero.
Esta será la segunda ocasión que Asfura se reúne con Trump, quien lo recibió el 7 de febrero último en su residencia en Mar-a-Lago… Sigue leyendo
El título de la presente columna nos recuerda al del libro escrito a cuatro manos por dos economistas, Daron Acemoglu (Turquía, 1967) y James A. Robinson (Reino Unido, 1960) en los albores del presente siglo. Después de leerlo debí reconocer que su contenido era inferior a su título y a los elogios que sujetos de la elite económica mundial se apresuraron a publicar en los principales medios norteamericanos.
Así, por ejemplo, el premio Nobel de Economía de 2001, George Akerlof ― ¿sabe alguien, por casualidad, qué “brillante” teoría formuló que le mereciera dicho premio?―, escribió con desmesurado entusiasmo: “Consideramos que La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, es un clásico imperecedero. Dentro de dos siglos, lo mismo pensarán de Por qué fracasan los países”. O este otro de Niall Ferguson, autor de El Triunfo del Dinero: “Para quienes piensan que el destino económico de un país está determinado por la situación geográfica o el legado cultural, Robinson y Acemoglu tienen malas noticias. Son las instituciones artificiales y no la naturaleza del terreno ni la fe de nuestros antepasados lo que determinan que un país sea rico o sea pobre”.
Como ellos, decenas de celebrados Futurólogos, Premios Nobel de Economía, profesores de Yale, de Harvard y del MIT y, en fin, de toda esa fauna que decora las “Sociedades de Elogio Mutuo” que pastan por el mundo académico, el social y el político hasta el más oscuro de las Sociedades Secretas, todos ellos se deshicieron en elogios para las dos… Sigue leyendo












