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Barranquilla emerge como centro político mientras la región enfrenta desigualdades persistentes.

El Caribe colombiano vive un momento de reacomodo político y social. Barranquilla, la ciudad más poblada de la región, se ha convertido en el epicentro de un debate nacional luego de que el presidente electo anunciara su intención de gobernar parcialmente desde la ciudad, presentándola como una “capital alterna” para impulsar el desarrollo del norte del país.

La propuesta ha generado entusiasmo entre sectores empresariales y cívicos que ven en la medida una oportunidad para atraer inversión, fortalecer la infraestructura y posicionar al Caribe como un actor decisivo en la política nacional. Sin embargo, voces críticas advierten que esta concentración de poder podría profundizar desigualdades entre las ciudades costeras y las zonas rurales del interior, donde persisten problemas de acceso a servicios básicos, empleo y seguridad.

Mientras tanto, municipios como Soledad, Malambo y Galapa enfrentan retos crecientes: expansión urbana desordenada, presión migratoria venezolana, y una infraestructura que no logra acompañar el ritmo de crecimiento demográfico. En zonas rurales del Atlántico y Magdalena, comunidades denuncian falta de agua potable, deterioro de vías terciarias y escasa presencia estatal.

A pesar de los desafíos, el Caribe colombiano mantiene una dinámica económica vibrante. El puerto de Barranquilla continúa ampliando su capacidad logística, el turismo en Santa Marta y Cartagena se recupera con fuerza, y la industria cultural de la región —música, gastronomía, festivales— sigue siendo uno de los motores de identidad más sólidos del país.

El debate sobre el futuro político… Sigue leyendo

La economía de Estados Unidos avanza en 2026 con un crecimiento moderado, sostenido principalmente por el consumo y la inversión tecnológica, pero enfrentando presiones inflacionarias que complican el panorama para hogares, empresas y la Reserva Federal.

El Producto Interno Bruto mantiene una expansión positiva, aunque más lenta que en años anteriores. En el segundo trimestre, el crecimiento anualizado se ubicó alrededor del 1.5%, reflejando un país que sigue avanzando, pero con menor impulso. El consumo continúa siendo el motor principal, apoyado por ingresos estables y un mercado laboral que, aunque muestra señales mixtas, permanece lejos de una recesión. El desempleo ronda el 4.6%, un nivel históricamente bajo, pero la creación de empleo se ha desacelerado por la menor inmigración y el envejecimiento de la población.

La inflación es el punto más delicado del momento económico. Los precios de la gasolina han subido por tensiones en Medio Oriente, mientras que los costos de vivienda y los aranceles sobre bienes importados elevan el índice general. El CPI se mantiene cerca del 3.8% interanual, y el indicador favorito de la Reserva Federal, el Core PCE, sigue por encima del nivel que permitiría recortes de tasas. Esto significa que los consumidores enfrentan precios altos y las empresas costos crecientes, sin señales claras de alivio inmediato.

El comercio exterior también aporta desafíos. El déficit de cuenta corriente supera los 220 mil millones de dólares trimestrales, reflejando una economía que importa más de lo que exporta. Los aranceles vigentes han reducido el flujo comercial y encarecido… Sigue leyendo

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