Cuba vive un momento de tensión política marcado por apagones prolongados, escasez y creciente descontento ciudadano. Los cortes eléctricos, que en varias provincias superan las 8 horas diarias, han provocado protestas espontáneas en barrios de Santiago, Holguín y Matanzas, donde vecinos golpean ollas, bloquean calles y exigen soluciones inmediatas. Autoridades locales reconocen “dificultades severas” en la generación eléctrica, pero piden calma mientras intentan estabilizar las plantas termoeléctricas.

El descontento social se mezcla con reclamos políticos. Grupos ciudadanos y activistas denuncian falta de transparencia en la gestión energética y cuestionan la respuesta del gobierno ante la escasez de alimentos, medicinas y agua potable. En La Habana, varios sectores reportan colas de horas para conseguir productos básicos, lo que ha aumentado la presión sobre las autoridades municipales.

La crisis también afecta la gobernabilidad. Funcionarios admiten que la situación económica limita la capacidad del Estado para responder a las demandas sociales, mientras sectores críticos dentro de la isla señalan que la falta de reformas profundas mantiene al país en un ciclo de deterioro. Analistas independientes advierten que, si no se estabiliza el suministro eléctrico y no se atienden las necesidades básicas, el país podría enfrentar nuevas manifestaciones en las próximas semanas.

Organizaciones internacionales piden respeto a las libertades civiles y diálogo con la población para evitar una escalada de tensión. La situación sigue en desarrollo y requiere verificación constante con fuentes confiables.

Fuente: El Latino Semanal, Inc.

 

Hace algunos años, el nombre del abogado Abelardo de la Espriella tan solo figuraba en los anecdotarios de los periódicos colombianos como protagonista de una que otra excentricidad. Como, por ejemplo, hacer explotar a los gatos de su vecindario con petardos de pólvora amarrados a sus extremidades o aparecer en programas de TV al lado de figuras musicales del vallenato ―aire musical de la costa caribe colombiana― como corista, anécdotas que recientemente ha negado o simplemente atribuido a ocurrencias en su juventud.

Más adelante, ya su nombre encabezaba las páginas sociales de los diarios capitalinos, esta vez a causa de sus costosas extravagancias, como consecuencia de un sorprendente y repentino ascenso económico. Entonces se le veía subiendo a su costoso jet privado, calzando mocasines Louis Vuitton o enumerándole a alguna reportera de provincia la marca de sus más de veinte perfumes, “uno para cada hora del día”, como suele precisar.

Pasó de estudiante de derecho que vendía ropa, whisky y esmeraldas para sostenerse en Bogotá, a ser cliente asiduo de los más exclusivos hoteles cinco estrellas del mundo entero. Su disposición para la ostentación, la provocación y la extravagancia ya es legendaria en su país. Ahora, desde la Casa de Nariño, sede presidencial, dirigirá los designios de Colombia por cuatro años. Veamos cómo fue posible este ascenso.

A primera vista, lo que define a De la Espriella es el exceso calculado. Su marca personal está construida sobre la opulencia, la sastrería a la medida y una retórica sin ambages que… Sigue leyendo

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