Un hombre que no ve mapas: ve espejos. Y en cada espejo, aparece él, se ve lindo, diferente y especial. No importa si hay ciudades, historia, gente con nombres y miedos reales. Para él, todo se reduce a una escenografía donde su voz rebota más fuerte, su percepción más correcta y sus decisiones son las que cuentan, Donde cada conflicto no es tragedia, sino solo circunstancias. Donde cada amenaza es un aplauso que todavía no llego, pero lo espera con ansiedad.
 
Dicen que la guerra empezó por razones complejas. Energía, poder, equilibrios viejos que crujen. Pero en su cabeza, la historia es más simple: alguien no le respondió como él esperaba. Alguien no se arrodilló y besó su anillo. Y eso, para alguien así, es imperdonable.
 
Entonces habla. Siempre habla. Promete finales rápidos, victorias limpias, soluciones totales. Como si el mundo fuera un negocio más, una negociación más, una mesa donde él siempre se sienta en la cabecera. Hay algo casi poético en esa contradicción: declara acuerdos que otros niegan, anuncia diálogos que no existen, construye realidades que solo funcionan mientras él las dice en voz alta. Como un actor que improvisa sin darse cuenta de que el resto del elenco sigue otro guion. Pero lo más curioso no es eso. Lo más curioso es la necesidad. Esa urgencia de ser el centro incluso cuando el mundo se quiebra. Esa manera de convertir el peligro en espectáculo. De medir la paz no en vidas salvadas, sino en titulares conquistados, en aplausos. Porque en… Sigue leyendo

Fue Aristóteles quien nos dejó la primera y más completa descripción de las diferentes formas de gobierno adoptadas en Atenas durante el siglo VI a.C., en un libro que no debiera faltar en la biblioteca de quienes sienten interés por los asuntos históricos y políticos. Se trata de su obra La Política, escrita en una época clave de la Antigua Grecia marcada por la crisis de las póleis (ciudades-estado) y el auge de reinos rivales, especialmente el de Macedonia.

El libro es el más completo estudio de las formas de gobierno que se idearon en Atenas en aquella época y ― ¡oh sorpresa!―, se consideraba a la democracia como una forma de gobierno mala, dañina para el pueblo y carente de virtudes. Distinguía entre las formas «puras» ―que buscan el bien común― y las formas «desviadas» ―las que buscan el interés privado― y situó en estas últimas a la democracia.

Otras veces me he extendido exponiendo cuales fueron y qué representaron cada una de estas formas de gobierno, cómo y porqué se crearon y en lo que acabaron convertidas una vez cumplieron su ciclo histórico, por lo que hoy no volveré sobre el mismo tema. Nos ocuparemos, en cambio, en examinar esa extraña forma de gobierno que impera en el Perú y que deja serias dudas sobre su naturaleza democrática, entendida esta como la concepción moderna de ese tipo de gobierno.

Primero que todo habría que entender una razón que explique por qué se presentan tantos candidatos en cada elección… Sigue leyendo

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