Un hombre que no ve mapas: ve espejos. Y en cada espejo, aparece él, se ve lindo, diferente y especial. No importa si hay ciudades, historia, gente con nombres y miedos reales. Para él, todo se reduce a una escenografía donde su voz rebota más fuerte, su percepción más correcta y sus decisiones son las que cuentan, Donde cada conflicto no es tragedia, sino solo circunstancias. Donde cada amenaza es un aplauso que todavía no llego, pero lo espera con ansiedad.
Fue Aristóteles quien nos dejó la primera y más completa descripción de las diferentes formas de gobierno adoptadas en Atenas durante el siglo VI a.C., en un libro que no debiera faltar en la biblioteca de quienes sienten interés por los asuntos históricos y políticos. Se trata de su obra La Política, escrita en una época clave de la Antigua Grecia marcada por la crisis de las póleis (ciudades-estado) y el auge de reinos rivales, especialmente el de Macedonia.
El libro es el más completo estudio de las formas de gobierno que se idearon en Atenas en aquella época y ― ¡oh sorpresa!―, se consideraba a la democracia como una forma de gobierno mala, dañina para el pueblo y carente de virtudes. Distinguía entre las formas «puras» ―que buscan el bien común― y las formas «desviadas» ―las que buscan el interés privado― y situó en estas últimas a la democracia.
Otras veces me he extendido exponiendo cuales fueron y qué representaron cada una de estas formas de gobierno, cómo y porqué se crearon y en lo que acabaron convertidas una vez cumplieron su ciclo histórico, por lo que hoy no volveré sobre el mismo tema. Nos ocuparemos, en cambio, en examinar esa extraña forma de gobierno que impera en el Perú y que deja serias dudas sobre su naturaleza democrática, entendida esta como la concepción moderna de ese tipo de gobierno.
Primero que todo habría que entender una razón que explique por qué se presentan tantos candidatos en cada elección… Sigue leyendo















