El condado de Palm Beach enfrenta una controversia creciente por la instalación de mega data centers destinados a soportar la nueva ola de inteligencia artificial. Lo que comenzó como un proyecto tecnológico prometedor terminó convirtiéndose en una batalla pública marcada por dudas sobre transparencia, riesgos ambientales y el impacto que tendría en las comunidades del oeste del condado.
El caso más visible es el llamado Project Tango, un campus de data centers que buscaba ocupar más de un millón de pies cuadrados en terrenos agrícolas cerca de la comunidad de Arden. Aunque el condado ya permitía bodegas y un pequeño centro de datos, la nueva propuesta multiplicaba por cinco la escala original y añadía operaciones continuas, sistemas de enfriamiento industrial y un consumo eléctrico sin precedentes.
Los vecinos denunciaron que el proceso se manejó con poca claridad. Señalaron reuniones privadas, cambios de documentos y una falta de información precisa sobre el impacto real del proyecto. La preocupación principal fue el agua. El condado no pudo ofrecer cifras exactas sobre cuánta agua requeriría el sistema de enfriamiento, con estimaciones que variaban desde cinco mil hasta cien mil galones diarios, además de un llenado inicial de seiscientos mil galones. Para una zona que depende de acuíferos y pozos, la incertidumbre fue suficiente para encender alarmas.
El consumo eléctrico también generó inquietud. Expertos locales calcularon que el campus podría demandar hasta seiscientos megavatios, una cifra que supera ampliamente cualquier instalación tecnológica existente en Florida. Esto implicaría una dependencia directa de la planta de… Sigue leyendo
El octogésimo primer período (81) de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que comenzó el 8 de septiembre, concluyó ―en lo pertinente a los discursos a cargo de los Jefes de Estado, ministros y delegados mundiales―, el pasado lunes 28 de septiembre.
Serias preocupaciones nos dejan las intervenciones de algunos, por todo cuanto dijeron, pero más desconfianza ―por extraño que parezca―, nos deja el silencio de aquellos que, pudiendo hacerlo, callan o desvían la atención de los peligros que enfrenta la humanidad con los conflictos en curso.
Durante la Guerra Fría, la Asamblea General era el centro de la diplomacia mundial. Sus reuniones constituían el escenario natural para discutir las amenazas a la paz mundial, en especial el temor a una guerra donde fueran utilizadas armas nucleares.
En sus pasillos se improvisaban reuniones mientras las potencias se reunían discretamente en sus misiones permanentes o en la residencia de algún embajador. Aquella Asamblea servía para algo. La de este año ha servido, sobre todo, para reflejar cuánto se ha debilitado.
António Guterres, en su discurso de apertura y hablando desde su papel de Secretario General, abogó por un mundo construido sobre la interdependencia y recordó a las superpotencias que su poder tiene limitaciones. Una hora después el presidente de EEUU ofreció una visión contraria al presentarse como quien no solo ha prometido el uso de la fuerza, sino que la ha usado.
Aprovechó, de paso, para amenazar con «aniquilar» a Irán si no logra un acuerdo y acusó… Sigue leyendo


















