Cuba atraviesa hoy una de las crisis más profundas de su historia reciente. La escasez de alimentos, los apagones prolongados y la erosión de los servicios básicos han transformado la vida cotidiana en una prueba de resistencia para millones de cubanos. En este contexto, el liderazgo político de la isla enfrenta un doble desafío: sostener la legitimidad de un sistema de partido único mientras negocia reformas que, hasta hace poco, eran impensables.

Un poder construido sobre la continuidad

Desde el triunfo de la Revolución en 1959, Cuba organizó su estructura de poder en torno a una figura carismática y a un partido único: el Partido Comunista de Cuba (PCC). Fidel Castro gobernó durante casi cinco décadas; su hermano Raúl lo sucedió entre 2008 y 2021. La transferencia del mando a Miguel Díaz-Canel —ingeniero eléctrico, tecnócrata de carrera interna— marcó un cambio generacional sin precedentes: por primera vez en más de seis décadas, Cuba no era gobernada por un Castro. Sin embargo, Raúl, hoy con 95 años, continúa ejerciendo una influencia simbólica y política como líder histórico de la Revolución.

La presión desde abajo

El 11 de julio de 2021 quedó grabado en la memoria colectiva cubana como el mayor estallido social desde los años noventa. Decenas de miles de personas salieron a las calles en todo el país para protestar por la falta de luz, comida y libertades. Cinco años después, la protesta no ha desaparecido; se ha multiplicado. Según la socióloga Cecilia Bobes, investigadora de FLACSO México, solo en… Sigue leyendo

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