Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente cubano Raúl Castro, ha comenzado a ocupar un papel inesperado en la compleja relación entre La Habana y Washington. Conocido como “El Cangrejo”, Rodríguez Castro es coronel del Ministerio del Interior y jefe de la seguridad personal de su abuelo, pero en los últimos meses ha sido señalado como interlocutor informal en conversaciones exploratorias con funcionarios estadounidenses.
Fuentes diplomáticas en Washington y La Habana coinciden en que la profunda crisis económica y energética que atraviesa Cuba ha obligado al gobierno a abrir canales alternativos de comunicación. En ese contexto, Rodríguez Castro —de 41 años— ha sido visto como un puente entre la vieja guardia revolucionaria y una generación más pragmática dentro del poder cubano.
En una entrevista reciente concedida a medios estadounidenses, el nieto de Raúl Castro afirmó que estaría dispuesto a participar en negociaciones formales si el gobierno cubano se lo solicita. “Si me designan, puedo negociar con cualquiera seleccionado por Estados Unidos. Dada la oportunidad, claro que con Trump”, declaró, subrayando que no se considera político, pero que respondería a las necesidades de la Revolución.
Aunque no existe un nombramiento oficial, su presencia en conversaciones discretas refleja la percepción de Washington de que Raúl Castro sigue influyendo en las decisiones estratégicas del país. Para Estados Unidos, Rodríguez Castro representa una figura con acceso directo al núcleo del poder y con capacidad de moverse fuera de los canales diplomáticos tradicionales.
El ascenso del “Cangrejo” ocurre en medio de… Sigue leyendo
Lima — La política peruana vuelve a girar alrededor de un nombre que nunca desapareció del todo: Alberto Fujimori. Su liberación reciente, tras años de prisión por violaciones a los derechos humanos y corrupción, ha reabierto un debate nacional sobre justicia, memoria y poder. En las calles de Lima, las reacciones se dividen. Para algunos, Fujimori sigue siendo el presidente que derrotó al terrorismo y estabilizó la economía en los años noventa. Para otros, representa el autoritarismo y las heridas aún abiertas de un país que busca reconciliarse con su pasado. Un país entre la memoria y la política. Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por el mensaje que envía su liberación. “No se trata de venganza, sino de justicia”, dijo una activista frente al Palacio de Justicia. Mientras tanto, sus seguidores celebran lo que consideran un acto de… Sigue leyendo


















