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No es que esté en desacuerdo con la “extracción” de Maduro del gobierno de Venezuela. Pero tampoco quiere decir que me encuentre de total acuerdo; veamos.
Este ingenioso término (extracción) que se ha inventado Marcos Rubio para referirse a la caza, captura y destierro del grotesco dictador venezolano Nicolás Maduro para ser juzgado por un tribunal de los EEUU, tiene su buena carga de ironía semántica.
Porque “extraer” significa, entre otros, sacar algo de donde está ―a menudo con dificultad―, separándolo de un todo, ya sea física o figuradamente. Como extraer una muela cariada, un tumor maligno, el dato de un texto o, ― ¿por qué no?―, petróleo.
Como quiera, hoy domingo 4 de enero de 2026, después de su “extracción”, Nicolás Maduro se encuentra en una fría celda del Centro de Detención de Brooklyn, New York, esperando el momento que el Departamento de Justicia escoja para leerle oficialmente su “indictment”.
Uno de esos cargos ―el principal, diría yo―, es el de hacer parte de una supuesta organización criminal dedicada al tráfico de substancias prohibidas llamada “El Cártel de los Soles”, nombre con el que se hace alusión a sus principales miembros, todos altos mandos del ejército y generales de cuatro o cinco soles, máxima graduación militar del país y fuente del nombre de esa incierta organización. Lo que me resulta extraño es que no hayan “extraído” también a los auténticos poseedores de esos soles.
Diosdado Cabello, por ejemplo, cerebro gris y general de no se sabe cuántos soles, otrora… Sigue leyendo














