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Durante los últimos meses, diversos informes técnicos han vuelto a colocar la franja norte de Cuba en el mapa energético del Caribe. No por un descubrimiento reciente, sino por una serie de evaluaciones y movimientos discretos que, vistos en conjunto, dibujan un escenario que merece atención. En un contexto internacional donde los recursos energéticos continúan moldeando decisiones estratégicas, cualquier señal en torno al petróleo adquiere un peso particular.

Las estimaciones más citadas provienen del Servicio Geológico de Estados Unidos, que en 2025 publicó una evaluación sobre el potencial petrolero del norte cubano. El documento no habla de hallazgos, sino de recursos técnicamente recuperables que podrían existir bajo esa franja geológica. Se trata de modelos, proyecciones y cálculos que sugieren posibilidades, no certezas. Sin embargo, el solo hecho de que la zona aparezca en un estudio de esta magnitud ya la coloca en el radar de quienes observan el Caribe desde la óptica energética.

Paralelamente, la empresa estatal CUPET ha intensificado sus actividades de exploración en la región occidental del norte del país. Nuevas perforaciones, estudios sísmicos y técnicas de prospección más avanzadas forman parte de un esfuerzo por comprender mejor lo que podría haber bajo tierra. Hasta ahora, no se ha anunciado ningún descubrimiento, pero la actividad técnica indica que la búsqueda continúa y que la zona mantiene interés operativo.

En el plano político, la historia reciente muestra que ciertos actores internacionales han prestado especial atención a países con reservas energéticas significativas. Declaraciones públicas y decisiones de política exterior… Sigue leyendo

La crisis en el Estrecho de Hormuz —por donde transita casi un tercio del petróleo mundial— golpea de manera inmediata a los Estados Unidos. El cierre de la ruta marítima y la escalada militar entre Irán, Israel y EE.UU. dispararon los precios del crudo en cuestión de días, afectando directamente el costo de vida del consumidor estadounidense.

La gasolina subió más de un dólar por galón en varias regiones, encareciendo el transporte, los alimentos y los bienes básicos. Cada familia siente el impacto en su presupuesto diario. El aumento del petróleo se traduce en presión inflacionaria, complicando las decisiones de la Reserva Federal, que debe elegir entre subir tasas para contener precios o mantenerlas para evitar frenar la economía. Ambas opciones generan incertidumbre en los mercados y presionan al dólar.

La respuesta militar de EE.UU. en el Golfo —refuerzo naval, protección de rutas y apoyo a Israel— incrementa el gasto en defensa y agrava el déficit federal. Esto eleva los rendimientos de los bonos del Tesoro y encarece el crédito interno, afectando a empresas y consumidores.

El conflicto también genera tensión política dentro del país. El costo de vida se convierte en tema central en Washington, y los precios altos de energía aumentan la presión sobre la Casa Blanca. La percepción de un conflicto prolongado polariza aún más el debate nacional, convirtiendo una crisis externa en un problema doméstico.

La situación demuestra que, aunque Estados Unidos es una potencia energética, sigue siendo vulnerable a los shocks globales. Cada movimiento en… Sigue leyendo

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