Nada mejor que volver la mirada atrás para observar cuánto hemos avanzado… o retrocedido. Mirar al pasado nos da la perspectiva necesaria para entender dónde estamos parados hoy y hacia dónde nos dirigimos. A veces, la historia nos sorprende con saltos de gigante; otras, nos recuerda que solemos tropezar dos veces con la misma piedra.
Un ejercicio perfecto de esta mirada al pasado ocurre al revisar el año 1980. Hace 46 años Isaac Asimov publicó en la revista Newsweek un ensayo titulado «El culto a la ignorancia» en que denunciaba lo que él mismo bautizó como “el auge del antiintelectualismo”, advirtiendo así mismo sobre una falsa interpretación de la democracia: «La democracia significa que mi ignorancia es tan válida como tu conocimiento».
Con esta afirmación dejaba sin crédito la equivalencia falsa entre opinión y evidencia con la que se promovía ―o promueve, como veremos más adelante― la idea de que cualquier creencia u ocurrencia personal, vale lo mismo que un saber riguroso, técnico o fundamentado.
«¡No confíes en los expertos!», fue la frase que se puso de moda entonces, cuando se etiquetaba de “elitista” a quien se ha formado o estudia un tema a fondo. Entonces, como ahora, se elogia el desinterés por la lectura y el aprendizaje profundo, premiando la opinión superficial que no requiere esfuerzo mental. Aunque fue escrito décadas antes del auge de las redes sociales e internet, su advertencia describe con precisión la desconfianza contemporánea hacia la ciencia, la educación y la verdad objetiva.
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