«Brasil no es para principiantes», decía el compositor Tom Jobim, uno de los padres de la bossa nova. Y así lo ha comprobado el senador derechista Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión tras su fallido golpe de Estado para derrocar a quien lo venció limpiamente en las urnas y que ahora acaba de hacer lo mismo con su flamante hijo.
Con este resultado, Lula se convierte en el único presidente del continente americano en haber sido elegido democráticamente en cuatro ocasiones, algo que solo había conseguido Franklin Delano Roosevelt por causa y efecto de la Segunda Guerra Mundial en su tercera y cuarta reelección.
Con este triunfo de Lula, el mapa político de América Latina se reconfigura. El resultado no puede entenderse simplemente como un péndulo ideológico o un voto de castigo coyuntural.
La victoria de Lula representa ―en su esencia más pura―, el triunfo de su conexión inquebrantable con la clase trabajadora brasileña; una conexión fraguada, no en los despachos de Brasilia, sino en las fábricas metalúrgicas paulista y en la memoria colectiva de un pueblo que asocia su nombre con la dignidad, el plato de comida caliente y el ascenso social.
Para el Brasil profundo —aquel que sufre la informalidad, el hambre y el desmantelamiento de los servicios públicos—, Lula no es solo un político; es un espejo. Su narrativa de vida resuena con fuerza en los millones de brasileños que luchan día a día por sobrevivir.
Durante sus dos primeros… Sigue leyendo
Cada conflicto internacional deja su huella en los surtidores. La guerra no solo se libra en los frentes, también en los mercados. Cuando los tanques avanzan, los precios suben; cuando los misiles caen, el petróleo se encarece. Y el ciudadano común paga el costo de decisiones que se toman amiles de kilómetros.
Las tensiones en Medio Oriente y Europa han vuelto a sacudir el equilibrio energético. Los países productores ajustan sus exportaciones, los importadores buscan alternativas, y las refinerías trabajan al límite. En las estaciones de servicio, el aumento se siente antes de que llegue la explicación.
Los expertos advierten que la volatilidad podría prolongarse. Cada barril de crudo se convierte en termómetro político y económico. Las economías dependen de la estabilidad, pero la estabilidad depende de la paz. Y la paz, hoy, es un bien escaso.
La gasolina no solo mide el costo del transporte, sino el pulso del mundo. Mientras haya guerra, habrá incertidumbre. Y mientras haya incertidumbre, el precio seguirá recordándonos que la paz también tiene valor.
Fuente: El Latino Semanal Inc.


















