Predigo que 2026 será un año decisivo. La civilización occidental (la supremacía blanca) está luchando como una bestia herida para mantener su hegemonía mundial.
A pesar de que la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Estados Unidos, publicada recientemente, reduce el control hegemónico estadounidense al hemisferio occidental, la realidad es que Estados Unidos tiene una red de relaciones exteriores tan intrincada que será casi imposible desvincularse sin poner en riesgo su propia seguridad.
En primer lugar, el control del hemisferio occidental dista mucho de estar asegurado. El intento de tomar el control de Venezuela no ha salido según lo previsto. El plan de la administración Trump para asustar al presidente venezolano Nicolás Maduro y que renunciara voluntariamente a su poder no ha tenido éxito y, por el contrario, ha contribuido a fortalecer los lazos entre los países con gobiernos progresistas al sur de la frontera, incluidos los tres más poblados (Brasil, México y Colombia).
En segundo lugar, en Oriente Medio, Israel espera aprovecharse de un gobierno estadounidense corrupto y cómplice de la supremacía blanca para maximizar su anexión de territorios adyacentes y crear el sueño sionista de un Gran Israel. Y, definitivamente, Israel no espera pagar por la anexión de esos territorios; para eso existe el AIPAC, para asegurarse de que todos los legisladores que reciben donaciones cumplan sus compromisos.
En tercer lugar, el mundo occidental empujó a Ucrania a una guerra con Rusia con la esperanza de una desintegración de Rusia que facilitaría al «Occidente» el control de los… Sigue leyendo


















