Al comenzar su comparecencia ante lo que los cubanos llaman «medios de comunicación», un tenso, gastado presidente, Miguel Díaz-Canel, aceptó finalmente que se estaban realizando conversaciones con Estados Unidos. Al desgranar los tres puntos esenciales que debían estar tratándose en el diálogo, los describió de esta manera:
- Determinar qué problemas bilaterales necesitan solución.
- Establecer posibles vías de solución para estos problemas.
- Determinar si hay voluntad para concretar acciones en beneficio de nuestros pueblos, lo que implica identificar áreas de cooperación para enfrentar las amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambos países. «Se trata de un tema que —dijo—: «… se conduce con seriedad y responsabilidad, porque afecta los vínculos bilaterales entre las dos naciones y demanda enormes y arduos esfuerzos para encontrar solución y crear espacios de entendimiento, que nos permitan avanzar y alejarnos de la confrontación.»
Demasiadas palabras para aceptar públicamente lo obvio. Es decir, dicho sin ambages: la claudicación. No sé si ustedes se darán cuenta que están preguntándole a los americanos qué debe hacer, a partir de ahora, el gobierno cubano.
Los perritos falderos del imperio en la redacción de The New York Times no se dejan engañar por ese lenguaje de improbable apaciguamiento. «El anuncio fue considerado un último esfuerzo desesperado de un régimen debilitado para mantenerse en el poder, mientras el gobierno de Trump intensificaba la presión sobre el Estado comunista de 67 años.»
Lean el artículo de Christopher Sabatini y Katrin Hansing «Trump no está preparado para lo que inició en… Sigue leyendo

LA HORA DE LA NEGOCIACIÓN
La vida nos ha demostrado que los extremos nunca han sido buenos y en política funestos. Por eso no sé qué es peor si el inmovilismo de la actual administración con respecto a Cuba o una concesión de una posible nueva administración sin negociar nada a cambio. Ambas cosas van en contra de los cubanos. Creo que ya es hora de ir a la mesa de negociaciones.
Raúl Castro ha dado ya el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente al gobierno norteamericano para sentarse a conversar. La respuesta de Washington a través de la señora Condoleezza Rice fue rápida. “Nosotros no tenemos nada que discutir con los cubanos. El gobierno cubano debe sentarse primero con su pueblo”.
Muy bonita la respuesta si no existiera el precedente que si lo hicieron con los vietnamitas que mataron a 58,226 norteamericanos e hirieron o mutilaron a otros 153,303. Cuyo presidente acaba de visitar Estados Unidos siendo su primera visita al New York Stock Exchange abriendo las operaciones bursátiles del día. O con los chinos que en la Guerra de Corea mataron a 33,741 soldados y después pasaron con los tanques sobre los jóvenes de la Plaza Tiananmen sin haberse sentado ambos primero a “hablar con sus propios pueblos”. Cuba por lo menos jamás ha matado un solo soldado norteamericano. No solo eso, en Cuba jamás se ha quemado una sola bandera norteamericana, practica muy común en todos los países del mundo y… Sigue leyendo



















